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Seis personas voluntarias comparten cómo llegaron para ayudar y descubrieron una experiencia de aprendizaje, inclusión y crecimiento personal

Tras el reciente encuentro celebrado la semana pasada con parte de su voluntariado, El Puente Salud Mental Valladolid ha querido poner en valor el papel fundamental que desempeñan estas personas en el desarrollo de sus actividades. A través de sus testimonios, la entidad visibiliza una labor imprescindible en ámbitos como el deporte, el ocio, la cultura o los talleres ocupacionales, donde el acompañamiento se convierte también en una experiencia de aprendizaje mutuo. Todos coinciden en una idea, llegan con la intención de ayudar y terminan descubriendo que reciben tanto o más de lo que ofrecen.

La costura como punto de encuentro

La historia de Luisa Estrada refleja como pocas el verdadero significado del voluntariado. Natural de Guatemala, llegó a España hace cinco años para cursar un máster. El compromiso social siempre había formado parte de su vida y en su país ya había participado en diferentes proyectos de voluntariado.

Conoció El Puente Salud Mental Valladolid a través del área de Empleo y Formación, donde recibió apoyo para desarrollar un proyecto de emprendimiento mediante el programa de autoempleo. Durante una de las entrevistas descubrió el taller de costura y enseguida quiso formar parte de él.

Su interés por esta actividad tiene también un profundo componente familiar. Sus abuelos fundaron una fábrica textil. Además, Luisa, graduada en Diseño Industrial, siempre ha sentido una especial afición por las manualidades y el trabajo creativo.

Desde hace más de dos años participa como voluntaria en el taller de costura, una experiencia que define como profundamente enriquecedora. “Lo más gratificante es sentir que formas parte de algo. Entre todos hacemos que esto funcione”, explica.

Entre los proyectos en los que más ha disfrutado colaborando destaca la elaboración de las Micaelas de la Salud Mental, unas muñecas de tela confeccionadas artesanalmente que se han convertido en uno de los símbolos de sensibilización de la entidad.

En este proyecto también ha sido fundamental la implicación de las voluntarias de Tudela de Duero, que durante los últimos meses han colaborado cosiendo decenas de Micaelas, demostrando que el voluntariado también puede tejer redes de solidaridad más allá de la sede de la entidad.

Además, Luisa destaca el apoyo que ha encontrado en la entidad durante su proceso de adaptación a España. “Son una gran familia que me ha ayudado mucho a integrarme y a sentirme como en casa”.

Resume su experiencia con una reflexión que coincide con la de otros voluntarios: “Es mucho más lo que ellos me aportan que lo que yo aporto”.

Una experiencia que ayuda a romper prejuicios

Es el caso de Jenifer García, voluntaria del equipo de fútbol sala desde hace tres años. Comenzó colaborando con la ilusión de compartir sus conocimientos deportivos y hoy apoya al entrenador en la organización de entrenamientos y competiciones, además de encargarse de diferentes tareas logísticas.

Una experiencia que, asegura, le ha permitido romper muchos prejuicios y admirar el esfuerzo y la capacidad de superación de los jugadores.

Una situación muy similar ha vivido Celia Francés, voluntaria desde hace más de tres años en las actividades de ocio y tiempo libre. Aunque ya conocía la entidad y había colaborado anteriormente con el ámbito de la salud mental, llegó convencida de que podía aportar conocimientos y acompañamiento. Sin embargo, pronto descubrió que el aprendizaje era recíproco.

“Venía con la idea de poder aportar, enseñar algo, pero con el tiempo descubrí que aprendía mucho más de lo que enseñaba. He conectado tanto que tengo la sensación de que me aportan mucho más de lo que yo aporto”, explica.

Celia participa habitualmente en visitas a museos, caminatas conscientes, rutas de senderismo, vacaciones y otras actividades de ocio. Destaca, además, la acogida que recibió desde el primer día. “Me he sentido muy acogida tanto por las personas usuarias como por los profesionales. Son una gran familia”.

El deporte también ha permitido crear fuertes vínculos personales para Pablo Infante, voluntario del equipo de fútbol sala. Después de compartir entrenamientos, partidos y convivencias, resume su experiencia con una frase sencilla pero muy significativa: “Son como una segunda familia”.

Ese sentimiento de pertenencia también lo comparte Samu Muerza, que colabora en los equipos de fútbol sala y fútbol 7 y que durante un tiempo participó además en el grupo de jóvenes de la entidad.

“Me llena poder ayudar a personas con dificultades”, afirma. Para él, el deporte se ha convertido en una herramienta para acompañar, generar confianza y favorecer la inclusión.

La capacidad del deporte para romper barreras también la destaca Juan Félix Vara. Comenzó colaborando como entrenador del equipo de fútbol a través de la Fundación Eusebio Sacristán y, con el paso del tiempo, decidió continuar vinculado a El Puente Salud Mental Valladolid como voluntario.

Para él, el fútbol elimina etiquetas y sitúa a todas las personas en el mismo plano. “Me considero un igual. El balón hace que nos igualemos”, afirma. Una filosofía que ha marcado su forma de entender el voluntariado y las relaciones que ha construido dentro de la entidad.

Lejos de considerar que es él quien únicamente aporta, Juan Félix reconoce que la experiencia le devuelve mucho más de lo que imaginaba. “Me aporta, me llena. Si pudiera pagar por vivir esta experiencia, lo haría”, asegura, convencido de que el voluntariado le ha permitido crecer tanto a nivel personal como humano.

Desde El Puente Salud Mental Valladolid destacan que el voluntariado constituye una herramienta fundamental para construir una sociedad más inclusiva y combatir el estigma asociado a los problemas de salud mental. A través del deporte, la cultura o el ocio… las personas voluntarias generan oportunidades de encuentro, fomentan la participación comunitaria y crean espacios donde las relaciones se construyen desde la igualdad, el respeto y el apoyo mutuo.

Porque, como reflejan todas estas historias, el voluntariado no consiste únicamente en dedicar tiempo a los demás. También supone crecer como persona, derribar prejuicios y descubrir que acompañar puede convertirse en una de las experiencias más transformadoras de la vida.

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